Silencio y calma

Muchas veces oigo que para  relajar a los niños intensos y activos, nada mejor que las actividades físicas que les ayuden a soltar ese  exceso de energía. Criterio que, sinceramente, nunca he compartido  del todo.

Trabajar el silencio y la calma interior también es importante para que la fuente de tranquilidad no siempre esté fuera.

  Los jueves a los niños y a mi nos toca piscina. Y la verdad es que me encanta,  porque esto ha hecho de los  jueves nuestro día especial.

Ama,”hoy es nuestro día”- me suelen decir.

Y  así,  cuando salen de la ikas  y después de la merienda y los deberes, preparamos las bolsas y ¡en marcha! cada uno a su tarea:  el mayor al equipo de natación, la pequeña tiempo libre nadando y yo… mi super clase de Pilates en la piscina que me tiene totalmente fascinada.

Y luego, claro está, viene lo mejor porque una vez que cada uno ha terminado con su tarea, nos juntamos en la piscina pequeña para jugar juntos quince minutos antes de volver a casa, cenar  y  caer rendidos en el sofá. 

Sin embargo, esto que a primera vista parece suuuper relajante, ha tenido su proceso porque las primeras semanas, sobre todo Arrate, volvía casi más activada de lo que nos habíamos marchado.

¿Cómo puede ser?- pensaba yo. Su hermano y yo llegamos a casa casi dormidos, y sin embargo ella habla sin parar todo el camino de vuelta y  además, lo hace saltando hacia delante y hacia atrás.

Convencida de que también le podría gustar probar lo agradable que resulta terminar el día con esa sensación de descanso, puse en práctica con ella una actividad muy sencilla que enseguida tuvo resultado:  el silencio y la atención en calma

De nuestra casa a la pisci hay a penas cuatro minutos a pie, que aprovechamos para trabajar nuestro momento de silencio y calma.

Una de las maneras de hacerlo es caminar prestando atención únicamente a un estímulo, los sonidos del tráfico por ejemplo: qué  oído lo capta con más fuerza, la diferencia según el tipo de vehículo,  la velocidad,  la maniobra que está haciendo (saliendo de un aparcamiento, parado en un semáforo o rodando hacia su destino). 

Al llegar, cada una cuenta lo que ha notado y hablamos de las diferencias entre  lo que ha percibido ella y lo que he percibido yo.

Lo hemos hecho con varios sentidos (oído, vista, tacto) y con varios elementos: con el tráfico, con la sensación del aire en la cara, con la respiración…

Pero, ¿Por qué trabajar el silencio y la calma con los niños?

Se me ocurren muchísimas razones, pero entre ellas destacaría algunas muy beneficiosas para su desarrollo.

  • Mejora la atención y la concentración porque aprenden a centrarse en un único estímulo durante un corto espacio de tiempo.
  • Ejercita la paciencia ya que aprenden a esperar al momento de compartir. 
  • Favorece la introspección y la autorregulación.
  • Relaja
  • Y sobre todo, es divertido y  muy muy agradable.

Yolanda Pérez

psicolunablog@gmail.com

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Sal de tu zona de confort

Supongo que has oído esa expresión que tanto se usa ahora para motivarnos y para animarnos a realizar un cambio: ¡sal de tu zona de confort!!

Parece que cualquier cosa se puede conseguir si uno olvida sus miedos y  sale de su zona de confort: motivarse, tener éxitos, sentirse mejor, etc. Pero, ¿si hay todo un mundo fuera de la temida comodidad, por qué resulta tan difícil abstraernos de su influencia??

Porque la zona de confort genera seguridad aunque también nos mantiene bloqueados y reduce nuestra felicidad.

Los psicólogos llamamos zona de confort a aquella que recoge nuestra manera habitual de comportarnos, esa que creemos controlar y que consideramos la “normal”.

Guardar silencio ante alguien que nos da una mala contestación que nos hace sentir vergüenza, culta y rabia.

Mantenernos en un trabajo o en una relación que no nos llena porque es lo que nos ha tocado y hay que aguantar y resistir.

Continuar en un lugar donde no nos sentimos cómodos ni felices: una casa, una ciudad, un país.

Todo ello conforma nuestro estilo de afrontamiento. Una manera de enfrentarnos a la vida  que nos da seguridad y hace nuestro mundo más  previsible y fácil a pesar de que nos esté generando malestar.

Las personas tendemos a creernos la idea de que ese malestar es controlable y que antes o después va a desaparecer. Pero esto no siempre es así. En ocasiones el malestar aumenta y los efectos de la zona de confort se dejan sentir.

¿qué efectos puede tener en nosotros esa zona de confort?

Desgana, apatía, desmotivación e infelicidad.

-Desesperanza, tristeza, depresión.

-Ansiedad, angustia.

-Enfado, rabia, ira.

-Sensación de motaña rusa: momentos de euforia porque me siento mejor y temporadas insufribles porque siento mucha infelicidad.

¿por qué nos mantenemos en ella?

Son muchos los factores que pueden mantenernos en esta zona de confort:

-temperamento

-miedo al cambio.

-miedo a la crítica de los demás si actúo de otra forma.

Sin ti no hay cambios

Creo que es una afirmación clave cuando hablamos  de modificar algo que nos genera malestar. Pocos avances se pueden realizar en  aspectos tan personales como son  nuestra forma de pensar, sentir y actuar si no tenemos claro que nosotros somos una pieza fundamental.

Tan importante como acudir a un/a  buen/a  profesional que sepa cómo ayudarnos, es cuestionarnos  a nosotros/as mismos/a si merece la pena seguir vistiendo los mismos “hábitos” una vez terminada la sesión  terapéutica.

¿Qué aspectos hay que tener para que nos compense salir de nuestra zona de confort?

Convencimiento.

El malestar generado por una dificultad psicológica no siempre es motor de cambio por sí mismo. Parece un contrasentido pero ciertamente las personas nos sentimos cómodas en la seguridad que  cierto nivel de malestar (una zona de confort que conocemos y creemos controlar) nos ofrece. Ante la alternativa de mejora, hacemos análisis del  coste-beneficio que no siempre nos lleva a la conclusión de que “hay que intentarlo”.

Es necesario estar plenamente convencidos/as de que queremos hacerlo.

Hacer un ejercicio en el que nos imaginemos sin el problema,  puede ser una ayuda para convencernos.

–  Compromiso

La ayuda exterior es buena e incluso imprescindible en muchos casos. Sin embargo, para modificar algo tenemos que hacer un compromiso con nosotros/as mismos que vaya más allá de las meras intenciones.

Constancia

Llegar a lo que somos, nos ha costado años de esfuerzo y dedicación. Cambiarlo, nos requerirá trabajar de continuo para conseguir nuestro objetivo.

Psicóloga en Bilbao

Yolanda Pérez

psicolunablog@gmail.com