Maslow y la Teoría de la Motivación

Seguramente más de uno hemos oído hablar en alguna ocasión de la pirámide de Maslow.

El otro día me resultó extraño conocer a alguien  que no la conocía. Una persona cercana nos explicaba cómo le había ido en una entrevista de trabajo, cuando nos contó que una de las preguntas que le había hecho el entrevistador había sido la siguiente:

  • ¿En qué nivel de la pirámide de Maslow crees que te encuentras en cuanto a satisfacción de tus necesidades en estos momentos?

-¿Qué es eso?-preguntó una de las personas que estaban en la conversación.

-Vaya-dije- ¿no la conoces?

Me llamó la atención esta pregunta en el contexto de una selección de personal, tema del que tampoco sé demasiado. Sobre todo me chocó que se refiriera directamente a la teoría de la motivación de Maslow, asumiendo el riesgo de que el entrevistado no la conociera. Quizá ese era el objetivo precisamente de la pregunta, asegurarse de si le sonaba o no.

La pirámide de Maslow establece una jerarquía de necesidades de manera que sin cubrir unas no es posible mostrar interés por las superiores

Abraham Maslow fue un prestigioso psicólogo norteamericano que a lo largo de su carrera desarrolló una teoría sobre la motivación y comportamiento, basada en las necesidades humanas.

Según explicaba, las necesidades humanas están organizadas de forma estructurada y con cierta base predeterminada, siendo las prioritarias las necesidades fisiológicas seguidas por las de seguridad, sociales, estima y autorrealización en último lugar. Este sería el orden de satisfacción de las necesidades, de manera que, según esta teoría, el comportamiento humano quedaría condicionado de alguna forma a la cobertura de las mismas.

La motivación-motor del comportamiento- estaría generado por la necesidad no satisfecha.

Teniendo en cuenta su  organización jerárquica, no sería posible mostrar interés o motivación por las necesidades de un bloque superior sin tener cubiertas las anteriores (por ejemplo, una persona que no tenga cubiertas sus necesidades básicas, difícilmente puede mostrar interés o motivación por las de interrelación o estima).

  • Según Maslow, estas necesidades son universales y la  no cobertura de alguna de ellas supone que la persona queda fijada  a la misma sin poder pasar a otras.
  • Todo comportamiento tiene un objetivo y está motivado por una razón que de alguna manera está relacionado con las necesidades humanas.
  • Cuando una necesidad no está cubierta, se produce una activación fisiológica que se traduce en una disposición personal (pensar, sentir, actuar) a su satisfacción.

Esta teoría ha sido ampliamente difundida y aceptada aunque también criticada en cuanto al orden propuesto por Maslow y a la cualidad de las necesidades establecidas.

En mi opinión, una de las grandes dudas  o incluso fragilidades de  esta manera de explicar el comportamiento, es en qué momento una persona  da por satisfecha una necesidad y donde está la clave de  las diferencias individuales en este aspecto concreto.

Por ejemplo, ¿por qué alguien parece insaciable en sus necesidades de seguridad o sociales, quedándose enganchado/a como en bucle en la búsqueda  de recursos para satisfacerlas, mientras otras las cubren con lo mismo o incluso menos?

En cualquier caso, una teoría interesante para reflexionar sobre las diferentes áreas de necesidad que tenemos los seres humanos.

Vosotros, ¿qué opináis?

Yolanda P. Luna

 

 

Anuncios

Reparto de Roles

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERAMañana Martes,

Aunque me gusta mucho pasar la tarde con mis niños, el martes es el día que más pereza me da: las extra-escolares me obligan a estar hora  y media de pie mirando cómo mi hija pequeña hace fútbol mientras el mayor juega  con algún amiguito  en el patio.

Les quiero mucho y me encanta que hagan cosas que les gusten pero, sinceramente,  esa hora y media se me hace eterna.

Por lo menos la semana pasada hizo bueno.

Como no había pegado ojo en toda la noche y hacía bueno, les avisé  a los dos de  que me  iba a sentar en uno de los bancos del patio desde el que les podía ver tranquilamente mientras me daba un poco el sol.

Mereció la pena

Enseguida se acercó un grupo, con un bebé de carrito al que le empezaron a dar  las frutas y algún otro que no llegaba a los tres años.

-¡Está precioso!- empezaron- ¿Vienes conmigo?, ¿te doy yo las frutitas..?

-Sí,  está grande.  Come muy bien y además es un bendito.¡No veas cómo duerme!

– Pues el nuestro nos da unas nochecitas…. Hoy no he hecho nada en el trabajo. No podía mantener los ojos abiertos.

– Ya, eso es lo peor. Nosotros lo pasamos también fatal con N… hasta que empezó a dormir del tirón.

-¡Ay, que vomita!- le corta-  ¿me pasas una toallita? Las tengo en la bolsita de la silla.

– Toma. Estas son las mejores, yo también las cojo. Bueno, ¿qué plan para el fin de semana? ¿Barbacoa?

– Sí que va a hacer bueno pero tenemos que elegir bien el sitio, que no tenga coches para que los peques puedan jugar bien.

– Vamos a preguntar al resto  que viene  por ahí a ver qué les apetece.

– Bueno qué- dicen los recién llegados- ¿Al final va Iturraspe a la Selección o va Iraola?

-¡A saber! ¡estos no tienen ni p.. idea!

Y la conversación se fue por las ramas…

Sí, sí. Un grupo de ¡cinco aitatxus! (padres) hacían corro en el patio del cole hablaban de sus equipos de fútbol entre potitos de frutas,  niños gateando y pequeños en extra- escolares.

Y desde luego que no era la primera vez que estaban allí.  Se trata de varios padres que además de trabajar fuera de casa, acuden diariamente al colegio a buscar a sus hijos y pasar la tarde con ellos.

¿Quién ha dicho que no se puedan intercambiar roles?

Yolanda P. Luna