No creo en la psicología

yo no creo en la psicologiaFinalmente hace unos días terminé encontrado una oficina.

Para reducir gastos, decidí compartirla con otra compañera.  Cada una tiene su propio material pero nos dimos la  opción de dejarnos algo si nos hacía falta.

A mi me encantan  los libros así que enseguida le dije que seguramente le acabaría pidiendo prestado alguno.

Pues efectivamente, preparando un material para un curso, encontré un libro realmente interesante. Me gustó tanto que decidí comprarlo para poder marcar algunos capítulos. Cuando terminé de trabajar, bajé a una librería a ver si lo encontraba.

Y cuál fue mi sorpresa cuando al buscar la sección de psicología, acabo topándome con la de esoterismo (horóscopo, quiromancia, tarot, etc). Sabía que iba un poco despistada pero no creía que tanto.

Pues no, no iba tan despistada, la mini-estantería dedicada a la psicología estaba situada frente a frente con esta que os digo.

  • ¿por qué pondrán siempre los libros de psicología pegados a los de las ciencias ocultas?- pensé algo molesta.

Eché un vistazo y enseguida pude comprobar, como ya sospechaba,  que el libro que buscaba no estaba en esa “minuciosa”  selección. Como tenía  tiempo, decidí acercarme  a otra tienda un poco más grande.

En esta sí tenían lo que buscaba y muchos más  libros  y manuales aunque curiosamente se repetía la cercanía entre la psicología y el mundo  de lo oculto.

Me fui pensando en cuál sería la razón para poner estas dos secciones tan cerca.

Pronto he tenido la oportunidad de encontrar una explicación. Estos días pasados, en una de estas conversaciones de sobremesa, volví a recordar la ubicación de la sección de psicología, cuando hablando sobre la evolución de la terapia de una persona, uno de los comensales comenta:

  • bah, total… para lo que sirve… La verdad es que yo no creo mucho en la psicología.

-¿que no crees mucho en la psicología?- le pregunto irónica.

-no – responde

-Ah.

Ahí fue cuando creí entender el por qué de la cercanía entre los libros de psicología y los de las “ciencias ocultas”. Por lo visto muchas personas “creen en la psicología” y otras muchas no lo mismo que se puede creer o no en el horóscopo.

La verdad es que entiendo que se pueda creer o no en la bola de cristal o en el tarot pero ¿se puede creer o no en la arquitectura? ¿y en la aritmética?

Menos mal que otra de las personas que participaban en la conversación dijo

-Hombre, yo creo que depende de la actitud con la que vayas…

Y sí, esa es un poco la cuestión.

Sin complicarlo mucho, se puede decir que la psicología es la ciencia sanitaria,  que estudia los procesos psicológicos que intervienen en nuestra manera de pensar sentir y actuar.

Entre los objetivos de todos estos estudios, está el establecer métodos suficientemente comprobados para mejorar estas formas de pensar, sentir y actuar que nos hacen sufrir y nos impiden relacionarnos de forma eficaz con los demás por otras más flexibles, adaptadas, sanassiempre que nosotros queramos ponerlas en práctica.

Aprender nuevas formas de interpretar o pensar o actuar no siempre es fácil. Ponerlas en práctica puede resultar todavía más complicado pero desde luego que eso… no es cuestión de fe.

Yolanda P. Luna

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Perdonar

Perdonar, es un proceso terapéutico que nos libera de las emociones negativas y del estrés que el resentimiento genera
Perdonar, es un proceso terapéutico que nos libera de las emociones negativas y del estrés que el resentimiento genera

Llegar a la conclusión de que has conseguido perdonar algo o a alguien no es un proceso fácil.

A veces creo que tenemos mucho que aprender de algunos animales, especialmente de los perros. No soy de las que piensan que cualquier animal es mejor que muchas personas, pero si que opino que algunos de sus comportamientos son más adaptativos y simples que los de los humanos.

En casa tenemos una mascota, un Shitzu llamado Frodo. Es un perrito de casi diez años bastante tranquilo y que por lo general va a su aire. Los días que el tiempo nos lo permite, los niños y yo damos un paseo con él.

Hace unos meses, decidimos salir con él a un parque infantil que tenemos en frente de casa. Mientras los niños subían a los columpios y yo le paseaba, un  perro suelto se acercó a nosotros. En un segundo, se abalanzó sobre Frodo y agarrándolo por el cuello, se marchó con él sacudiéndolo hacia un lado y hacia el otro. La escena fue realmente terrible por su violencia sobre todo para los niños que horrorizados se pusieron a llorar y a gritar mientras el perro atacaba a Frodo.

Finalmente, la dueña del perro agresor, que resultó ser un perro que por su raza debería haber ido con bozal y con correa, consiguió que éste soltara al nuestro. Cuando bastante enfadada le recriminé su irresponsabilidad por salir así a un parque con niños y otros perros, ella me miró como si no fuera con ella la cosa y me soltó:

– sois todos unos histéricos, Tampoco es para tanto.

El resultado para nuestro perro: una operación de urgencia para coserle el cuello, más de dos meses de tratamiento para curarle las heridas y los golpes que el pobre había recibido y una cojera que se quedará con él para siempre.

El resultado para ellos: obligación de someter al perro a varias revisiones veterinarias y una sanción económica para su dueña además de hacer frente al coste del tratamiento de Frodo.

Los primeros días y todavía con el susto en el cuerpo, no dejaba de pensar en el odio que sentía hacia esa chica. Continuamente buscaba razones para justificar ese sentimiento: su comportamiento irresponsable al llevar a su perro suelto y sin bozal, el hecho de que ya hubiera ocurrido con otros perros del vecindario tal y como me contaron después y el efecto que la agresión había tenido en nuestra mascota y en los niños, que estuvieron muy asustados durante unos días. En ese tiempo, todas las consecuencias que tuviera la denuncia en ella me parecían pocas, creía que no había castigo suficiente para resarcirme de lo ocurrido.

Hasta que, pasadas varias semanas y con mi perro ya casi recuperado, me encontré de nuevo con la chica y su perro paseando por el pueblo. En esta ocasión, ella lo llevaba convenientemente atado  con bozal. A pesar de que casi llegamos a cruzarnos, mi perro siguió su paseo moviendo la cola tan contento como había salido de casa.

– Jolín- pensé- qué fácil perdona Frodo. Parece que ni le ha conocido ¿se le habrá olvidado o le habrá perdonado?

A parte de tener un perro, no entiendo mucho más de animales con lo cual desconozco si los perros perdonan u olvidan. Esto sirve unicamente de ejemplo ya que el incidente me hizo reflexionar sobre por qué yo mantenía emociones negativas sobre esa persona y qué beneficio me aportaban.

No encontré ninguna razón para mantener el malestar hacia ella ni supe qué ganaba sintiendo odio hacia ella.

Después lo probé con otras situaciones con mayor trascendencia en mi vida y aunque el proceso fue bastante más costoso, el resultado fue el mismo.

Perdonar es un proceso que contribuye al bienestar psicológico

1. Para poder perdonar, hay que saber reconocer el daño que nos han hecho y también hay que hacer lo posible por curarlo. Según la causa o situación que haya generado la herida, puede ser necesaria la intervención de un profesional.

2. Tengo que querer perdonar. Porque perdonar es un proceso, no es una decisión que se toma en un minuto.

3. Entender y comprender a quién nos ha dañado. Esto no significa en absoluto excusarle o privarle de responsabilidad en lo sucedido (en el ejemplo que os he puesto la chica es responsable de sacar un perro peligroso sin bozal y sin correa. Pero puedo pensar que desde luego no era su intención que su perro atacara al mío. Quizá pensaba que no había nadie en el parque y se confió).

4. Aceptar las emociones negativas que surgen: rabia, deseo de venganza, culpa, etc. Poder expresarlas como parte del proceso.

5. Protección. Perdonar no es olvidar y actuar como si el daño no hubiera ocurrido. Tampoco implica reconciliarse ni retomar una relación si es el caso.  Se trata de analizar qué sucedió y cómo se puede evitar que algo parecido vuelva a ocurrir.

6. Expresar el perdón. Puede realizarse a través de un acto simbólico (una carta que no va a ser entregada por ejemplo). No tiene por qué ser trasmitido al ofensor. Se  trata de que la persona que realiza el proceso sienta la liberación del estrés y emociones negativas ligadas al resentimiento.

Muy recomendable también hacer este proceso con uno mismo.

Yolanda P. Luna